viernes, 27 de enero de 2017

Cookies con kikos


Creo que se me estaba empezando a olvidar esto de cocinar recetas dulces. Tanto pan, tanto menú diario para que Álex y yo tengamos qué llevarnos al gaznate me ha hecho olvidarme de la cocina que se hace por gusto al cocinar, por capricho: la repostería.

Todo empezó el fin de semana pasado, cuando mi hermano cumplía 30 años y me pidió como regalo que me encargase de la tarta. No podía hacer cualquier cosa, tenía que ir a jugar y arriesgar; además a mi hermano esas cosas tan vistosas, y más si están en tarta de varios pisos, le recontrachiflan. Les pregunté a las brujillas panarras y entre todas me dieron un buen puñado de ideas para cubrir el cumpleaños de mi hermano, el de mi madre y unos cuantos más.
Tres capas de bizcocho de chocolate con buttercream de dulce de leche y kikos machacados por encima. Nada tremendamente complicado, pero estaba muy desentrenada: no sabía si el molde del bizcocho era el más adecuado y se saldría la masa, así que la dividí y horneé en dos veces aunque luego descubrí que me podía haber cabido entera, lo cual me habría ahorrado tanto quebradero de cabeza con el alambre de cortar bizcochos. El buttercream tampoco es que quedase estupendo, pero al final resultó una tarta muy bonita y tremenda de sabor; si me seguís por las redes sociales veríais la foto.

El caso es que me sobraron kikos y pensé en preparar unas galletas, que hacía bastante que no me lucía con ello. Y manda huevos que la receta estrella que uso me la diera una persona a la que cocinar le gusta lo justito, Elen. Ella entiende de repostería, claro que sí, pero más de cómo se come que otra cosa; por eso me sorprendió que tuviera en su poder una receta como esta, y buena además. La guardo junto con el resto de recetas que se trajo de Estados Unidos hace ya un tiempecito.

Vale, vamos a las galletas. Creo que no te descubro la pólvora si te digo que soy fan del dulcesalao, por lo que la combinación de chocolate con kikos, descubierta en un guarreo adolescente, me flipa del todo. La receta original lleva nueces picadas, así que como verás no hay muchas modificaciones... bueno, sí, he reducido el azúcar de la receta y aún así me resultan un poco empalagosas, así que siéntete libre de bajar esa cantidad un poquito más; aunque usé panela para que la cosa fuera "menos mala", el caso es que no deja de ser azúcar a cascoporro.

Otra cosa que hice fue usar chocolate negro picado en lugar de las clásicas gotas de chocolate. ¿Por qué? porque así puedo ponerle el chocolate que más me guste (que suele ser bastante amargo), controlo lo que lleva y además el tamaño de los tropezones (inserte su bizqueo aquí).

Para unas 30 galletas, necesitarás:
- 350g de harina
- 200g de chocolate negro picado a tu gusto
- 175g de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
- 100g de panela molida (pero creo que con 75g también iban a estar buenas)
- 50g de kikos machacados
- 2 huevos
- una cucharadita de extracto de vainilla
- una cucharadita de impulsor químico o bicarbonato
- media cucharadita de sal (que ya los kikos llevan lo suyo)


En un bol mezcla la harina, el impulsor químico y la sal y reserva.

En otro bol más grande incorpora la panela y la mantequilla junto con la vainilla, y bate con varillas o un robot de cocina la mezcla hasta que consigas una consistencia cremosa. A continuación añade los huevos y sigue batiendo hasta que estén integrados; mientras tanto puedes ir machacando los kikos de forma desigual.


Cuando la mezcla sea homogénea, incorpora poco a poco el bol con los ingredientes secos y cuando tengas una masa aterciopelada y sin grumos puedes añadir el chocolate y los kikos picados. Hazlo con cuidado del brazo del electrodoméstico que uses, que ahora la masa es más densa y con muchos tropezones; en estos casos la Kitchen Aid me viene muy bien porque tiene una pala que consigue esto sin mucho esfuerzo.

Reconoce que tú también le pasarías la lengua

Una vez lista la masa, precalienta el horno a 180ºC con ambas resistencias y sin aire si tu horno tuviera. Dispón una hoja de papel de horno y reparte bolitas de masa por la misma, con cuidado de que no estén demasiado cerca (a mí una disposición de 4x4 me vino estupendamente).
Para asegurar que todas las galletas quedan uniformes y se cuecen por igual usa una cuchara sopera colmada como medida, y si se te pegan mucho a las manos al hacer las bolitas puedes mojarte las manos con agua.


Hornea cada bandeja unos 9-12 minutos (en función de lo blanditas por dentro que te gusten) a 180ºC y a media altura. No te fíes de la textura superficial para sacarlas del horno, ya que luego cuando enfrían se quedan más duras que en caliente; para mí la pista la da más bien el culete de la galleta: si está dorado, las galletas están en su punto.
Cuando estén a tu gusto, saca del horno y deja que reposen un poquito en la bandeja antes de cambiarlas de sitio para que se enfríen (lo justo para no sufrir quemaduras de 2º grado, claro).

Deja que enfríen del todo y guárdalas en un recipiente hermético.


2 comentarios :

  1. Debn estar deliciosas!!! qué ricas, para darnos ese capricho dulc de la tarde. un beso

    ResponderEliminar
  2. Si le dimos la oportunidad al turrón de chocolate y kikos, habrá que animarse también con estas galletas!

    ResponderEliminar