viernes, 4 de septiembre de 2015

Magdalenas de crema de café y chocolate

A veces hay cosas que necesitas que se acaben. Sin más, por salud mental.


Cosas que no es que molesten especialmente, pero las ves y te rechinan un poco. 
Los chats de grupo que no usas desde hace meses (o años), las imágenes de Whatsapp que te llenan el teléfono de tontunas, papeles innecesarios... Reconozco que cuando me da el arrebato de poner todo en orden y quitarme cosas de mi vista, soy bastante eficaz; la sensación después de haber hecho limpieza en un armario o recogido un cuarto especialmente problemático es indescriptible. 

Un poco maniática del orden soy, pero sobre todo me pueden las cosas que se alargan innecesariamente en el tiempo. Como los culines de las botellas.

Llevaba viendo más de un año una botella de crema de café que nos regalaron y que no había tenido mucho movimiento desde entonces; además el recipiente es bonito y me gustaría usarlo para otras cosas, por lo que llevo un tiempo barruntando en qué usarlo. Igualmente, unas gotas de cobertura de chocolate negro que pasaron a la nevera como mal menor durante la época de calor me estaban sobrando desde hace un tiempo, así que pensé en matar dos pájaros de un tiro.


Y bueno, ni tan mal.
Las magdalenas son esa preparación que bien planteada, se hace en un suspiro y con muy buen resultado. Pero es muy fácil que se queden secas, no suban o lo hagan demasiado; al final, como también es cuestión de preferencias, puedes recurrir a trucos para que salgan más reventonas y voluminosas o discretas y monísimas.
Lo importante es guardar buena proporción entre sólidos y líquidos para que quede una masa fluida, pero con cierta consistencia; también ayuda saber que si el contraste de temperatura es muy grande, las magdalenas revientan y greñan en el horno, por el contrario con temperaturas suaves y mantenidas la superficie quedará más lisa y no tendrán un volumen tan marcado.

Al final, la combinación ha sido espectacular, y es que café y chocolate siempre se han llevado bien. No quedan nada empalagosas y sirven tanto para un desayuno consistente como para una merienda sencilla; además, otra de las grandes ventajas de las magdalenas es que son muy cómodas de llevar por ahí y también de controlar cuánto se come.


Si te animas, aquí van las cantidades para 12 magdalenas (usando como referencia una bandeja de hornear magdalenas de IKEA):
- 2 huevos
- 300g de harina de repostería
- 180g de azúcar
- 1 cucharadita de impulsor químico
- 150ml de crema de café
- 200ml de aceite de oliva suave
- 100g de gotas de chocolate

Bate los huevos junto con el azúcar hasta que la mezcla esté espumosa y haya subido un poco; mejor si lo haces con una batidora de varillas.

A continuación, incorpora con un hilo y sin dejar de batir, el aceite de oliva y después la crema de café. Así consigues una emulsión estable que te ayudará a mantener la masa esponjosa.

Mezcla la harina junto con la levadura química y tamiza sobre la mezcla anterior. Puedes homogeneizar con la batidora a baja potencia o con una lengua manualmente, usando movimientos envolventes. Termina incorporando las gotas de chocolate con el mismo procedimiento.

Prepara las cápsulas de magdalenas, con molde mejor para que no se expandan hacia los lados durante la cocción, y reparte la masa entre las doce cápsulas.

Si quieres magdalenas con copete, que son como las hice y que particularmente me encantan, refrigera la masa entre 30 minutos y una hora (el tiempo que tarde en calentarse el horno, más o menos). Hornea los 5 primeros minutos a 210ºC y luego 15-20 minutos a 180ºC, siempre con ambas resistencias. Tendrás que pinchar en el centro de una con un palillo para ver que la masa está cocida.
No te pases con el golpe de calor iniciar o les saldrá corteza, cosa que me ha pasado esta vez por despistarme.

Sin embargo, si quieres las magdalenas más planas, hornea 20 minutos aproximadamente a 180ºC con ambas resistencias.

Acompaña con un café o un té, aunque con un simple vaso de leche fría están deliciosas.

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