martes, 9 de abril de 2013

Germinando lentejas

Si hay una cosa que echo de menos de mis vacaciones en Galicia es el verde, la facilidad con que todo estaba invadido de plantas. Así pasa, que he vuelto me he liado a hacer semilleros de aromáticas, a ver si tiran; me compré en el ikea unos vasos que viene con todo para tener perejil, melisa y orégano, y después macetas para germinar albahaca salsera y cebollino. Espero tener suerte, tengo uno de esos tendederos en los que o se hielan las plantas o se socarran.

De momento la cosa va bien, ya tengo mis primeros brotes ^^ Cuando estén más grandes los trasplantaré a una maceta bonita. Hay especias que mejor si se usan en fresco, pero normalmente cuando compras una mata de cebollino te sobra la mitad y languidece en el frigorífico, por eso me lancé a tener plantitas.

Un momento, ¿y si me lío la manta a la cabeza y me da por germinar semillas? Pues venga.
Obviamente, estas no son para plantar, sino para comerlas directamente, previa cocción. Te encuentras ante una bomba proteica con pocas calorías, ya que el desarrollo de la plantita va consumiendo el almidón que contiene la semilla. Otra de las ventajas de germinar leguminosas es que por esa "predigestión" necesaria para el crecimiento del brote, todas esas proteínas que resultan indigestas están fragmentadas, lo que unido al tratamiento térmico hace que sea una manera más digestible y rápida de preparar legumbres.

Normalmente son legumbres (alfalfa, soja verde, lenteja, judías azuki, cebada) lo que se usa en los germinados, pero también los encontrarás de trigo, trigo sarraceno, pipas de girasol e incluso de rábano o cebolla. La plantita necesita crecer y para eso romper la semilla, así que su sistema enzimático está muy desarrollado, al igual que se incrementa la producción de aminoácidos, vitaminas y clorofila. En algunos casos, como en la lenteja, disminuye la cantidad de ácido fólico, por lo que no todo son ventajas.

Además, hay que tener cuidado porque pueden desarrollarse sustancias antinutritivas que protegen la semilla mientras se desarrolla, y es por eso por lo que es recomendable someterlos a un tratamiento térmico, un escaldado de un par de minutos es suficiente si quieres añadirlo después a una ensalada. Los brotes de alfalfa en crudo se digieren mejor que los de soja, por ejemplo; y no se deben comer los germinados de tomate o patata porque son tóxicos (por eso le quitas los "ojos" cuando las pelas), ya que son ricos en solanina y ácido prúsico, componentes que usan para defenderse de las plagas durante su germinación.

Con respecto a la forma de hacer germinar semillas, hay varias formas, en función de lo que te quieras gastar y complicar la vida. Si bien hay germinadores, vendidos como tal, con un tarro y algodón (como en el cole) puedes conseguir en menos de una semana unos brotes de lo más ricos.

Ahora que he probado esta forma, no te la recomiendo del todo: germinan muy bien pero luego tienes que estar quitando las fibras que se hayan enganchado y es un verdadero engorro. De todos modos te la cuento, para que veas cómo han ido creciendo mis brotes de lentejas. La próxima vez que lo haga, usaré un tarro con una gasa que tape la boca, para así poderlas lavar y escurrir cómodamente sin tener que destaparlo.

Lo primero, es remojar las lentejas 12 horas, o una noche. Verás que aumentan de tamaño, y lo seguirán haciendo después...

Una vez remojadas, coloqué una cama de perlón en un tupper (es una fibra similar al algodón, pero de origen sintético) que había mojado y escurrido, para que estuvieran húmedas. Coloqué las lentejas de forma que no se amontonasen demasiado y tapé con film transparente, al que le hice unos agujeros para que se ventilasen bien. Con una goma elástica conseguí fijarlo para dejarlo bien tenso, y guardé el tupper en una estantería donde le daba la luz del sol de forma indirecta.

Después, sólo necesitas vigilar que no se resequen, sin empaparlas para que no aparezcan mohos, y meneándolas para que se ventilen. La mejor forma de humedecerlas es con un pulverizador, así no te pasas.


El primer día, ya empiezan a aparecer brotes

El segundo día

El quinto día, ya listas para comer

Cuando estuvieron a mi gusto, las lavé a fondo para quitarle restos de fibras y también aparté las que no habían germinado. Bien secas, fueron a la nevera (no duran mucho, en un par de días conviene gastarlas).








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