martes, 13 de septiembre de 2016

Trece, martes

Bueno, después de casi cinco meses sin asomar el bigote por aquí, he pensado que bien merecía una explicación; aunque soy de las que se lían dándolas, no suelo dar demasiados detalles de mi vida (a fin de cuentas sabes de mí lo que quiero que sepas, pienso que un blog de cocina puede verse aderezado con varias anécdotas personales, pero entiendo que vosotros me leéis por la temática gastronómica y no por lo que cuento sobre mí).


A finales de abril, si no recuerdo mal, me embarqué con Mamen camino de Alimentaria, donde me lo pasé teta y aprendí mogollón del panorama gastronómico; tenéis la reseña en Amigastronómicas, donde también me he metido a colaborar.

Con varias entradas pendientes (el taller de galletas de Doc Muerte, alguna que otra receta), de repente me empecé a agobiar un poquito con el blog. Quería seguir participando del reto de Pilar, Color y Sabor de Temporada, quería seguir buscando recetas de inspiración literaria,... y compaginarlo con mi resto de actividades: poledance y danza con sus respectivas coreografías, ensayos y actuaciones de fin de curso. 
A eso le tengo que añadir mi trabajo a turnos y la preparación de mi boda, que en menos de un mes se celebra. Con respecto a esto no he dicho nada porque, como he dicho anteriormente, no creo que sea relevante; no necesitaba contarlo ni la gente que me lee saberlo, quien use su vida 2.0 para anunciar este tipo de cosas a gente que no conoce, si le va bien y está contento haciéndolo pues estupendo. A mí es algo que ni frío, ni calor, pero puestos a dar explicaciones sobre mi desaparición, ea.

El cambio de ordenador y una migración a WordPress que siempre estoy dejando para otro momento tampoco me han ayudado... es la mayor de las perezas, la verdad.

Descripción gráfica de la situación

El asunto es que parece que no, pero todo esto me ha quitado mucho tiempo para ponerme a hacer fotos, editar y escribir... Además soy de las que piensa que este tipo de cosas hay que hacerlas con ganas y no para cubrir el expediente; para hacer una chapuza sin motivación alguna, prefiero no hacer nada. A fin de cuentas, como esto es una afición y no me pagan por ello ni lo pretendo, pese a mis compromisos con retos varios prefiero no forzar la máquina.

Luego también está que el panorama gastrobloguero últimamente me satura un poco: nada es original, no puedes subir algo a Instagram o Twitter sin luego tener esa sensación de que tiempo después has inspirado alguna receta o temática... no sé, no me quiero agobiar con el blog; pese a que prometí regularidad publicando los viernes o los diferentes retos, bien es cierto que ahora mismo la cosa me supera, por lo que lo he ido dejando a expensas de tener más ganas para publicar.

Que de verdad que me apetece enseñar cosas a la gente que me lee, sean 10, 100 o 1000; me gusta pensar que hay alguien a quien mis publicaciones le valen, o al menos que me valga a mí misma para aprender a hacer buenas fotos y escribir, aunque parece que en esto último tengo bastante carrete.

En redes sociales sigo igual de activa, procuro seguir actualizando la Fanpeich de Facebook con enlaces interesantes a falta de mis propios enlaces. Sólo tened un poquito de paciencia, espero en Noviembre, ya después del viaje y centradita, volver organizada y con las pilas cargadas.

Gracias por vuestra paciencia (o no).

viernes, 1 de abril de 2016

Lembas (#recetasconcuento)

Sam: Mordor, el único lugar de la Tierra Media que no queremos ni ver, el mismo al que intentamos ir, y al que no podemos llegar. Aceptémoslo señor Frodo, estamos perdidos. No creo que Gandalf quisiera pasar por aquí.
Frodo: No quiso muchas cosas de las que han pasado Sam, pero ha sido así.
Sam: ¿Señor Frodo? Es el Anillo, ¿no?
Frodo: Cada vez pesa más. ¿Qué comida nos queda?
Sam: Déjeme ver, ¡oh sí!, ¡qué rico! Tenemos lembas... y aquí, más pan del camino.
No es que aprecie la comida forastera, pero este pan élfico no esta mal.
Frodo: Nada ensombrece tu ánimo, ¿cierto Sam?



Me está costando coger el ritmo, creo que con un Febrero tan intenso he arrastrado un complejo de "mujer-orquesta" que me ha dejado bastante exhausta. Por si fuera poco, papeleos y compromisos varios de mi vida 1.0 hacen que el poco tiempo libre que tenga se vea aún más disminuido.

Marzo ha llevado una tónica en el blog muy al tran-tran. No llegué a tiempo para el Reto Color y Sabor de Temporada, pero al menos consigo publicar para las Recetas Con Cuento que empecé a principios de año, y ya con una receta sugerida y esperada por muchos de mis seguidores frikis.

El Lembas o pan élfico.

Se me ocurrió que este pan debía de llevar mogollón de energía, pero de la inteligente, no un chute de hidratos de carbono sin más. No por nada era considerado un pan para aguantar grandes travesías, por lo que necesitaba una receta con un índice glucémico a la altura... y eso lo proporciona la avena.

Una porción de avena molida en el molinillo de café o en la batidora de casa bastará para darle un sabor ligeramente dulce a unos crackers sabrosos y saciantes, puesto que además juega en su composición el centeno integral. Avena en copos+centeno integral= saborazo, energía bien dosificada y picoteo sano y saciante.

Tienen un toque a campo, a verde, que te parecerá muy apropiado; como si la propia Galadriel hubiera hecho la mezcla de cereales.

Foto completamente gratuita sin valor para la receta de hoy, sólo para fardar de objetivo nuevo

Llevan también aceite de oliva virgen, que aparte de dar buen sabor, aportan su poquito de grasa sana al asunto. Aunque verás la miel entre los ingredientes, luego resulta que estos crackers son gustosos de comer tanto con dulce como con salado, o solos de por sí. Ideales para llevar al trabajo o durante la época de exámenes, y se hacen en un tris.

Y como buen pan del camino, aguantan: son crackers!! no tienes que temer porque vayan a estropearse como un pan común.

No necesitan de materiales muy específicos, aunque bien es cierto que la harina de centeno integral no la encontrarás tan fácilmente como la harina común de trigo; pero a unas malas te doy alternativas más abajo.

Tampoco verás que dan mucho trabajo, te sorprenderá saber que esto es pan y no lleva un gran esfuerzo de amasado o formado, así que es ideal para empezar a picarse con el mundo panarra.



Piensa que con tres crackers matas la gusa durante un rato, y es posible que con ellos aguantes hasta el Monte del Destino, así que ¿por qué no probarlos?

La receta está inspirada en la de los crackers suecos de centeno de El Panadero Casero.

Para unos 40 crackers, necesitarás:
- 250g de masa madre de centeno madura al 100%
- 75g de harina de trigo
- 75g de agua
- 100g de copos de avena picados
- 25g de aceite de oliva
- 1 cucharada de miel
- 5g de sal (como media cucharadita)
- 1 g de levadura fresca o 0,3g de levadura seca
- 1 pizca de impulsor químico. No ayuda a levar, pero hace que los crackers sean más crujientes.

Si no tuvieras masa madre, puedes mezclar 125g de agua y 125g de harina de centeno integral con una pizca de levadura y dejar 8-12h a temperatura ambiente, hasta que sea una masa burbujeante y huela. Si no tuvieras a mano harina de centeno, pues usa harina de trigo integral. La idea es conseguir que la harina integral aporte todo el sabor que una harina blanca no puede dar, ya que con una fermentación larga todos los productos aromáticos que bacterias y levaduras producen se suman al sabor que de por sí dan los elementos externos del grano.

Mezcla con el resto de ingredientes, dejando los copos de avena para el final, amasando antes todo. Como los copos los hemos molido en casa, hay trozos más bastos que pueden romper la poca estructura glutínica que la masa pueda tener.

Haz una bola y deja fermentando como una hora y media aproximadamente para unos 20-22ºC de temperatura ambiente, siempre en un bol cubierto con un paño para que la masa no se reseque.




Una vez pasado ese tiempo,verás que la masa ha crecido y hay signos de fermentación, ya que en la base han crecido burbujitas y al abrir la bola verás cierta estructura de esponja prieta.

Con un rodillo forma una lámina de unos pocos milímetros, 2-3mm como mucho, porque luego crecerá. Hazlo sobre una hoja de papel de horno y tendrás más fácil su posterior transporte y horneado.
Yo me apañé con un cortapastas para hacer secciones triangulares sin separarlos del todo, pues quería hornearlos todos de una vez y olvidarme de hacer tandas. Sólo tuve que hacer cuadrados y luego atravesarlos con una diagonal... voilá, triángulos!



Deja fermentar una vez más tapado, como una hora. Si ves que hace mucho calor y la masa se reseca o se hace telilla, puedes pulverizar o pincelar la superficie con un poco de agua. Cuando haya terminado la segunda fermentación notarás que la plancha está ligeramente mullida.

Calienta el horno a 200ºC con ambas resistencias y cuando esté caliente, pincha con un tenedor la superficie de la plancha de masa, con la idea de que no suba demasiado.

Hornea, si ves que los bordes se tuestan, ya a 180ºC para que los crackers se sequen y queden crujientes. Con el paso del tiempo verás que esas divisiones ayudan a que los crackers se separen, así que para que queden más uniformemente cocidos y secos sepáralos con una espátula.

Con unos 15 minutos de horneado debería bastar, pero deja un poco más si los notas muy tiernos; de todos modos al enfriar terminan de quedar crujientes. Otra forma de conseguir que se sequen si se han quedado muy tiernos es dejarlos en el horno apagado y con la puerta entreabierta, para que con el calor residual evapore lo que hace falta.

viernes, 4 de marzo de 2016

Taller de cocina del día a día en Flow Cooking + Sorteo 3er aniversario del blog



La última vez que estuve en Flow Cooking pude constatar un hecho.
Sí, interesan mucho los talleres de cocina internacional.
Sí, está de moda la cocina de vanguardia para sorprender a nuestros invitados.
Pero la cocina de todos los días, es más, la de cuchara, lo peta.


A fin de cuentas, es con lo que llenas tápers para ir al trabajo o a la universidad, con lo que planificas las compras semanales y con lo que das de comer a tus hijos/novios/padres/vecinos.





Que para quedar bien siempre hay tiempo, pero para batallar con las ollas mientras tienes que terminar un informe o plancharte la camisa, pues no. Y precisamente Mamen nos transmitió en su taller de cocina del día a día que se puede hacer todo esto y más en muy poco tiempo; ahora bien, precisa de sus truquis.



En la primera de las ediciones de este taller pudimos aprender a cocinar unas lentejas, un arroz caldoso, tortilla guisada e incluso un fantástico postre de aprovechamiento, la leche asada. Todo con recetas familiares y adaptaciones, pues si algo tiene la cocina casera es que no hay dos formas iguales de hacer un guisote.



Es importante, eso sí, saber por qué se hace cada cosa y en qué momento concreto, pues esto no sólo nos ayudará a solventar cualquier imprevisto en la cocina, sino que también nos ayudará a introducir las modificaciones que deseemos y hacer las recetas más nuestras, más auténticas.

Este fue el primero de muchos talleres de cocina del día a día que Mamen tiene previsto hacer, siempre enseñando preparaciones que muchos conocemos desde que éramos pequeños o que no hemos tenido la oportunidad de probar, ya que ocurre que no en todas las casas se tienen las mismas tradiciones. Tuvo muy buena acogida y se espera que en las siguientes ediciones el nivel de participación se mantenga; porque eso sí, no verás al personal tan implicado como en este tipo de talleres, todos quieren aprender lo básico, corregir vicios a la hora de usar un cuchillo o desbancar ideas y costumbres erróneas que han heredado en la cocina.

Sobre todo verás que es cocina de mercado, tirando muchísimo de otras preparaciones anteriores y del aprovechamiento; a fin de cuentas es la cocina casera de siempre.





El taller empezó con una tortilla en caldo, muy apropiada para esas tortillas que se quedan demasiado cuajadas y se convierten en armas arrojadizas. Por supuesto, en este caso la preparamos explícitamente para este fin, por lo que hay que tener ciertas consideraciones.



Lo primero, es preparar una tortilla hermosa y dejarla un punto sin cuajar, ya que como posteriormente va a llevar otra cocción tampoco queremos que se nos quede demasiado cuajada. Para dar la vuelta a una tortilla tan grande puedes emplear un "volteatortillas" o, como dijo uno de los alumnos, la tapa de una cacerola, de las que son planas. Ya ves que en este tipo de talleres la gente se suelta e interacciona más, porque todos tenemos algo que aportar.



Una vez reservada, hay que buscar una cacerola donde vaya a caber bien, pues al cocer engrosa por el caldo. En este caso con una mezcla de caldo y salsa de tomate caseros preparamos la base donde la tortilla se introduce.
También es importante cortarla para que se impregne bien de los jugos.



De forma paralela se prepara un majado con frutos secos (piñones, almendras), comino y otras especias, y también una yema de huevo para espesar la salsa. Este majado se incorpora al final para que no cuaje demasiado pronto.



Para ir ganando tiempo fuimos preparando también el postre, una espectacular leche asada que viene muy bien para aprovechar restos de pan o bollería que se han quedado secos.
Porque recuerda que la cocina del día a día es esto, aprovechar recursos para ahorrar; y muchas veces se sacan platos mejores que el original.

En este caso usamos unos restos de croissants de un taller anterior, que fueron derechos a hacer la cama de la leche asada en una olla con el fondo cubierto de caramelo casero. Esa es otra, no necesitas comprarte sofisticados moldes, estamos hablando de cocina batallera, rica y con mucha enjundia, pero a fin de cuentas no queremos que todo nos salga por un pico.



Con una mezcla de leche, azúcar, huevos batidos y algo que le alegre (que pueden ser especias, o puede ser ron), la leche asada se prepara tranquilamente en el horno mientras tú estás a otras cosas. Hay quien lo pone al baño María, pero no es imprescindible y además es fácil para un novato salpicarse de agua hirviendo durante el proceso.

Si la cocina casera no tuviera platos de cuchara, no sería tal, por eso a Mamen le pareció una buena idea preparar unas lentejas estofadas, ya que cada uno tiene una forma diferente de hacerlas.
Ella, por ejemplo, descubrió que con un hueso de lacón quedan muy sabrosas, así como si cuentas con el típico compango ahumado para prepararlas. Así las hice la última vez y prometo que eran una delicia pura, todo sabor.



Hay quien prepara un sofrito antes, como yo, luego incorpora las lentejas, cubre con agua y a cocer. Hay quien lo echa todo crudo y a la vez. Incluso encontrarás preferencias sobre remojarlas o cocerlas directamente.
El caso es que no hay dos ollas de lentejas iguales, a veces ni en la misma casa, puesto que yo por ejemplo soy de las que aprovechan las verduras que hay rondando por la nevera para que no se estropeen. También hay veces que le pongo comino, otras clavo,... así nunca me aburro de comer lentejas, aunque es un plato que de por sí me priva.

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En función de si las remojaste anteriormente, si usas olla tradicional o rápida, las lentejas tienen diferentes tiempos de cocción. En este caso Mamen las hizo a la forma convencional, pero nos dijo que a veces las prepara en la olla exprés; porque no pienses que por ser cocina casera tiene que llevarte mucho tiempo y ser engorrosa. Lo bueno es que siempre puedes adaptar las recetas a tu tiempo y tus circunstancias.


Terminamos preparando un arroz, una de las preparaciones estrella de Mamen porque tiene mucha mano con los arroces.
Hay muchos trucos que es mejor que ella te cuente en sucesivos talleres, pero sin duda es más fundamental es el de la importancia del sofrito...
Cuando crees que el pollo está bien sofrito, le falta un poco más; y cuando le ves muy dorado, tú sigue que todavía le queda... Te prometo que con esta premisa sale bueno hasta un arroz con olla rápida.


También aquí nos fuimos turnando para remover el sofrito mientras Mamen nos contaba que ella suele ponerle romero al arroz (yo también lo hago, jeje!!) porque le da un gustazo increíble.
Nos habló también de los tipos de arroz, de la importancia de usar azafrán de la tierra o de las proporciones de líquido y grano en función del tipo de plato a preparar.
Consejos básicos que valen su peso en oro.


Al finalizar el taller pudimos degustar todas nuestras preparaciones con las que salimos más que satisfechos y no sólo por el estómago, sino por todo lo aprendido y lo que disfrutamos aprendiendo de Mamen.
Aquí tienes nuestro trabajo:

Tortilla en caldo


Lentejas estofadas


Arroz caldoso de pollo

Leche asada
 Así que si piensas que lo sabes todo en la cocina o por el contrario no eres capaz de hacerte un huevo frito, te recomiendo que asistas a estos talleres de cocina del día a día. Siempre hay cosas nuevas que no sabías y que podrás usar en tu cocina.


Aprovechando esta entrada, quiero realizar un sorteo por el tercer aniversario del blog, que a finales de febrero se cumplieron tres años desde que empecé esta locura y que tanto me está dando a muchos niveles (Atención, parte sentimentaloide incoming).

Os tengo que agradecer un año más que me leáis o no, pero que sea desde la sinceridad. Yo no compro seguidores ni me los invento, los que estáis aquí es porque os debe de interesar algo de lo que hago: o cómo escribo, o mis recetas o mis fotos. O simplemente me cotilleáis y punto, yo qué sé.
El caso es que yo con esto he ido siempre por delante y no me quiero hacer un hueco en el starsystem de los blogs gastronómicos si no es porque lo valgo; no me gustan los andresismos, que se aprovechen de mí o hacerlo yo con otras personas. Que si sois pocos, que seáis bien avenidos; que si merezco más seguidores, ya irán llegando.

El blog lo empecé por mi gusto por la cocina y ha terminado siendo un hobby donde puedo dar rienda suelta a la tecla; además gracias a esta afición he descubierto que me gusta la fotografía y que bueno, no soy una joya, pero me voy defendiendo.

No se me dará tan mal cuando a finales del año pasado Silvia de Amigastronómicas apostó por mí para colaborar en su blog. Ayudo a Mamen con las crónicas de los cursos a los que voy, siempre encantada de prestar mi blog para que conozcáis FlowCooking. Más trabajo y más satisfacción, pero sobre todo kilos de reconocimiento. Me gusta pensar que mi esfuerzo está siendo recompensado.
Aunque no fuera así, el blog también me ha dado grandes amistades, me ha permitido conocer más lugares y abrir mi mente a nuevas experiencias gastronómicas. Lo siento, pero el que se base en mis estadísticas para decir que salgo perdiendo en esta aventura, se equivoca.

Por eso me gusta tener detalles con vosotros, y también sirve para que el boca a boca me dé a conocer a quienes no lo hacen ya; y cuento en este sorteo con Black Pepper & Co que tan bien me sirve y me aconseja acerca de especias. Entre los dos hemos preparado un lote de productos representativos de su tienda y también algunas novedades, a saber:

- Mafalde traídos de Italia. Auténtica pasta de trigo duro.
- Lenteja verdina ecológica, muy suave e ideal para ensaladas.
- Bayas de canela, el sabor que dejan es fresco y potente. Si eres adicto a la canela, no debes perdértelo.
- Pimienta roja de Kampot, proveniente de Camboya y de la que dicen que es el equilibrio entre la pimienta blanca y la negra.
- Té negro "caffe latte", porque también tienen cafés en grano, pero este té me ha parecido muy original y su aroma no te dejará indiferente.
- Vadouvan o curry francés, un imprescindible en la cocina de Chuka, Nakeima,... Koketo tiene recetas muy interesantes con esta mezcla de especias.
- Scotch bonnet, un chile caribeño con hasta 350.000 uds. en la escala Scoville del picante.

Para ello, lo único que tenéis que hacer es rellenar el formulario que encontraréis más abajo y seguir la cuenta de Facebook de Black Pepper & Co, que ya que se lo curra tanto merece una recompensa.

Condiciones:
- Envíos a territorio español exclusivamente (sí, también islas, Ceuta y Melilla. Esta ronda la pago yo).
- El sorteo termina el 18 de marzo (viernes) a las 23:59, por lo que cualquier participación posterior no entrará en el sorteo.
- Los datos obtenidos, completamente confidenciales, servirán para realizar el sorteo mediante la página www.sortea2.com
- Se publicará el ganador por las redes sociales de las que dispongo (Facebook, Twitter, Instagram) a lo largo del día 19 de Marzo.
- Tras cinco días naturales de la publicación del resultado, si no consigo ponerme en contacto con el ganador, repetiré el sorteo.
- Por supuesto, como es mi blog y me lo f***** cuando quiero, me reservo el derecho a acogerme a "perdón, m'he equivocat" de haber algún problema durante el desarrollo del sorteo.

Suerte y gracias ^^


Edito la entrada para cerrar el sorteo definitivamente y anunciar el ganador. Bueno, estos fueron los participantes:



Y aquí está la ganadora. Enhorabuena!! Me voy a poner en contacto a la de ya contigo por el correo facilitado para mandarte tu premio.



Muchas gracias a todos por vuestra paciencia y por confiar en mí, estas semanas estoy dejando el blog un poco abandonado por cuestiones familiares, pero en cuanto me sea posible lo retomaré si cabe con más fuerza que antes.

viernes, 26 de febrero de 2016

Pastelillos de limón de Sansa (#recetasconcuento)

Más tarde se sirvieron empanadas de pichón y criadillas, manzanas asadas que olían a canela, y pasteillos de limón bañados en azúcar, pero para entonces Sansa estaba tan llena que apenas pudo comerse dos pastelillos, por mucho que le gustaran (Juego de Tronos).


Me sorprende cómo una saga literaria basada en la estrategia, intrigas, guerras, lucha de intereses,... pueda estar tan relacionada con la gastronomía.
Quizá sea porque es una manera más terrenal de conocer a los personajes: llevo un tiempo con un libro de historia de la cocina italiana y jo... lo que cambian las recetas en función del momento histórico, la abundancia o carestía, el descubrimiento de nuevas tierras. Si hubiera un trabajo consistente en recrear la alimentación de épocas pasadas, que los jefazos vayan buscando mi perfil por Linkedin xD

En este caso, los libros de Juego de Tronos no dejan de moverse dentro de la fantasía, pero con tintes medievales. Además, maneja un mapamundi con distintos paisajes y climas que pueden verse identificados en otros que conocemos muy bien: Invernalia sería algo similar al norte de Europa, mientras que Dorne y las islas del mar Angosto podrían verse reconocidos en territorios de África y Asia. También el poder adquisitivo de los Siete Reinos se deja ver en sus mesas con preparaciones simples y humildes como las servidas en El Muro, o platos más ostentosos como la empanada de pichón de Desembarco del Rey.


Las autoras del libro de cocina en el que me apoyo para publicar la receta de hoy han hecho una verdadera labor de investigación (esa por la que quisiera que alguien me diera trabajo), y han recurrido a recetarios antiguos y otras escrituras, obras de arte que dieran inspiración y cómo no, de lo que las técnicas de cocina moderna pueden aportar para escribir esta obra. Las recetas son adaptaciones muy fáciles de llevar a la práctica, con ingredientes nada rebuscados y, en caso de carencia, pueden sustituirse de forma muy sencilla. Harta de ver lo que sirven en los mercados medievales, por fin encuentro algo similar a la comida de la época que no lleva patata en sus ingredientes, gracias rigor histórico :____)

En el caso de hoy los pastelillos de limón de Sansa están basados en un libro de cocina del siglo XVII.
He realizado unos pequeños ajustes en la receta, porque para mi gusto lleva demasiada azúcar; también creo que con menos horno quedan más jugosas, y además probaría a sustituir una parte de la harina de trigo por harina de almendra, le iba a dar un corazón más tierno aún.



Para unos 60 pasteles aproximadamente (receta original de "Festín de Hielo y Fuego", de Chelsea Monroe-Cassel y Sariann Lehrer)., necesitarás:
- 350g de harina de trigo
- 250g de azúcar
- 90g de mantequilla
- 1 huevo entero + 2 yemas
- La ralladura de dos limones

Para la glasa,
- 30g de azúcar glas
- 1 cucharadita y media de leche

Precalienta el horno a 180ºC con ambas resistencias y mientras llega a la temperatura indicada, mezcla todos los ingredientes con las manos: queda una masa similar a la arena de río, poco agregada pero que al compactarla toma forma.


Haz bolitas de 2,5cm de diámetro y colócalas en una bandeja con papel de horno, separadas entre sí como unos tres dedos, ya que algo expanden y no quieres que se toquen. En total salen como 3 bandejas de 20 bolitas cada una, que puedes ir preparando mientras se hornea la bandeja anterior.

Hornea unos 12 minutos (15 como dice el libro para mi gusto quedan duras) y cuando los saques del horno deja un minuto más en la bandeja; se tienen que quedar con una suela doradita, y por dentro en principio están tiernos, pero deja que enfríen por completo para que terminen de cocerse con el calor residual.


Cuando estén completamente fríos, disponlos en una rejilla y salpica su superficie con la mezcla de azúcar glas y leche, haciendo estelas. Deja que la glasa se seque antes de guardar los pastelillos en una caja de galletas o un tupper.

lunes, 22 de febrero de 2016

Picantones con mandarinas, dátiles y castañas (reto #colorysabor)

Hoy es un día chulo por muchas razones.

A pesar de ser lunes, a pesar de arrastrar cansancio y un poco de hartura de la semana pasada por problemas con el blog. Incluso a pesar de trabajar de turno de tarde, que es el turno que menos me gusta.


Y es que hoy hay receta, y coincide con el tercer aniversario del blog. Ahí es na'.
Tengo intención de hacer un sorteaco de productos de Black Pepper & Co., pero mientras lo preparo con Luis para que sea del gusto de todos, de momento sólo os dejo con esta receta que pertenece al reto Color y Sabor de Temporada de Postres Originales.


Este mes me decanté por la mandarina, pero para una preparación salada. 
Empecé con un pescado, un salmón marinado en zumo de mandarina, pero no salió del todo bien y de todos modos la receta que presento hoy no era un plan B, sino otra preparación más para hoy que al final, se ha convertido en la única preparación.

Cuando compré castañas pilongas para hacer las codornices con salsa de rosas, ya que no había castañas frescas, compré un montón. Me gustan mucho pero son un poco caras, así que cuando me doy el homenaje, me lo doy. Compré para hacer un par de veces potaje de castañas, un postre tremendo que conozco por la familia de Álex; por supuesto, también las quiero aprovechar para guisotes salados, como el de hoy.
Las castañas crean muy buen fondo en un guiso o un asado, le dan untuosidad y una delicadeza que otros frutos secos no tienen. Lo único a tener en cuenta, ya que no estamos en temporada de conseguir castañas frescas, es que tendrás que usar castañas pilongas, y para ello previamente tendrás que remojarlas una noche. Con eso superado, la receta es coser y cantar.

Con respecto a la mandarina, la protagonista de este mes en el reto... sinceramente, no quería que fuera un ingrediente predominante, ni mucho menos. Quería que tuviera cierta armonía con el resto de ingredientes del plato, y eso lo he conseguido gracias al vermut que Silvia de Amigastronómicas me regaló a principios de año, parte de un regalo de Navidad para el equipo del que cada vez estoy más contenta de participar, y espero que este sentimiento sea mutuo.

El vermut de Can Calet es extremadamente cítrico, de hecho se nota muchísimo la presencia de piel de naranja, ideal para potenciar el sabor de los gajos de mandarina que rellenan el picantón y hacen de guarnición. También congenia de perlas con unos cuantos dátiles, pues el sabor dulce de los mismos realzan el sabor de las carnes blancas. Así, este conjunto de sabores y texturas crea un amalgama interesantísimo, sin duda.

¿Podría haber pasado como receta navideña? A lo mejor, y quizá no de las más baratas por las castañas y los dátiles, pero sí bastante arreglada comparada con otros dispendios. Dejémosla mejor en receta para celebrar los 3 años del blog, que como celebración no está nada mal.

¿Te atreves a probarla?
Aquí tienes la receta para 2 personas:
- 1 pollo picantón
- Una mandarina, si tiene pepitas habrá que quitarlas
- 1 puerro
- 6-8 dátiles deshuesados
- Un puñado colmado de castañas pilongas, remojado previamente la noche anterior
- Un chorrete de aceite
- 100 ml de vermut Can Calet, o uno que te guste mucho
- 100 ml de agua o caldo de pollo (mejor)
- Sal y pimienta al gusto

Parte los dátiles y los gajos de mandarina por la mitad y déjalos remojando en el vermut una hora al menos, para que se impregnen de sabor.


Limpia el pollo de plumas si tuviera algún resto y frota la carne con sal y pimienta.

Parte las castañas por la mitad y mezcla con el resto del relleno, que introducirás en el interior del pollo. Como sobra bastante, puedes hacer hasta dos pollos picantones con esta cantidad, aunque yo preferí dejarlos como cama para que se hiciera una salsa interesante.

Antes de depositar el pollo en la bandeja, fríe en un poco de aceite un puerro cortado en rodajas hasta que se dore y ponlo en el fondo de la misma. Añade lo que te ha sobrado de relleno y ahora sí, coloca el pollo dentro de la bandeja.


Con el horno precalentado a 200ºC, hornea durante 45 minutos, hasta que esté bien dorado. En dos tiempos a lo largo de la cocción, añade primero el vermut sobrante de remojar la fruta a los quince minutos y a los treinta el agua, o si tienes caldo de pollo. Si quieres, puedes colocar tres rodajas de mandarina sobre la pechuga antes de meter al horno, para decorar. 
Reduce un poco la salsa volcando la bandeja ligeramente para que con el calor que tiene evapore un poco de líquido.

viernes, 12 de febrero de 2016

Judías Pintas con alga Kombu

Después del despendole carnavalero de la receta de la semana pasada, tocaba ser buena persona con una receta que ya te había prometido por las redes sociales.

Muchos factores hacen que me haya sacado de la manga este plato: el primero, es que pregunté en su momento por platos más sanos y de cuchara y parece que había bastante aceptación; el segundo es que estoy últimamente muy verde-friendly y el tercero es que el 2016 es el Año Internacional de las Legumbres según la FAO, una iniciativa de las Naciones Unidas para dar la importancia nutricional en nuestra dieta a este producto, que sin duda merece.


Y es que las legumbres son baratas de producir, con una carga proteica importante sobre todo en las zonas donde la escasez de carne o la conciencia limitan el consumo de proteína de origen animal.
Además, a nivel agrícola, las legumbres pueden conseguir un aprovechamiento mejor del suelo mediante la rotación de cultivos de forma sostenible.

Nuestro país, muy de cuchara y de legumbres en general, últimamente desluce su uso porque parece estar asociado a niveles adquisitivos bajos. ¡Claro, lechón, porque son baratísimas! ¿y de verdad no vas a aprovechar todas sus cualidades nutricionales porque es "comida de pobre"? Gañanazo...

Las legumbres, como ya he mencionado, tienen una importancia nada desdeñable en la alimentación humana, pero también la animal. Poca grasa (que encima promueve el colesterol bueno) y mucha proteína (hasta más de un 25% en su composición) dan un perfil bastante saludable, sin desdeñar su porcentaje energético a través de los hidratos de carbono (en torno al 60%). La cantidad de fibra dietética hacen también de las legumbres un alimento ideal, además no hay que olvidar los aminoácidos esenciales que complementan con los de muchos cereales como el arroz, haciendo de esa simbiosis un súperplatazo. Son fuente de calcio, hierro, vitamina B y ácido fólico.

Uno de los factores que echan atrás a la gente cuando hay que cocinar legumbres, aparte de los tiempos de cocción, son los gases que producen. Lo del tiempo ya ves que con la olla rápida, que no exprés, el tiempo es irrisorio sin contar con el remojo. Con la olla exprés igual de 15 pasas a 30 minutos, habría que probar, pero aún así me parece un tiempo aceptable.
El tema de los gases puedes reducirlo incluyendo unas semillas de hinojo, anís o comino en la cocción, hace magia. Otra manera, y además complementa a todos los niveles el plato, es añadir alga Kombu.

Este alga marina de origen japonés ya se usaba en el año 800 aproximadamente, si bien parece que hay referencias anteriores, y su uso actual no dista mucho del de aquella época, puesto que el método de conservación por desecado sigue usándose.

El Kombu se usa para hacer caldo Dashi, junto con las escamas de atún desecado o Katsuobushi. Es el caldo fundamental en sopas y preparados japoneses. También encontrarás kombu en el seitán, en el ramen, y muchos platos de la cocina china y taiwanesa.

Al tener origen marino, las cantidades de yodo no son nada desdeñables, por lo que es ideal para pacientes con hipotiroidismo. También se usa para facilitar la cocción y digestión de las legumbres gracias al ácido glutámico, por otra parte componente primordial del sabor umami, por lo que aporta un extra de "sabrosura" a los platos donde se incorpora.


Sin duda te recomiendo que pruebes este platazo lleno de vida y de sabor, no lo harás una única vez.

Para 4 personas, necesitarás:
- 200g de judías pintas
- 25g de alga Kombu
- 500-700ml de agua o caldo de verduras (según lo caldosas que te gusten)
- Media cebolla
- 1 diente de ajo
- 1 guindilla
- 2 cucharadas de aceite
- Sal y pimienta

La noche de antes, remoja las legumbres, mejor si las dejas 12 horas que 8, porque las judías necesitan algo más de hidratación que los garbanzos o las lentejas. Al día siguiente, tira el agua y en la olla rápida pon las judías cubiertas de agua lo mínimo; lleva a hervir y con pequeñas cantidades de agua rompe el hervor hasta tres veces cada vez que vuelva a bullir, con eso aseguras que la piel no se rompe ni queda dura.
Ajusta el agua a la cantidad de caldo que te guste y añade las algas sin remojar, no las partas ni nada porque luego las tendrás que retirar y es más complicado. Tapa la olla rápida y deja a fuego fuerte hasta que suba la segunda anilla, en la que empezarás a contar 15 minutos de cocción, ya con el fuego al mínimo. Mi olla a veces hasta hay que apagarle la vitro porque el calor residual es suficiente para mantener el nivel de presión.


Una vez haya pasado el tiempo, despresuriza la olla colocándola bajo el chorro de agua fría para que puedas abrirla sin problemas, y comprueba el punto de cocción de las judías. Saca las algas y pícalas finamente.

En una sartén sofríe la cebolla y el ajo picados junto con una guindilla, que retirarás cuando el sofrito esté preparado. Puedes incorporarlo directamente a las judías o pasarlo por una batidora, que además ayudará a espesar el caldo; también puedes conseguir esto incorporando unas pocas judías, esto va en gustos.

Termina salpimentando para corregir al final, puesto que el alga Kombu viene salada, y tras un chup-chup para que se integre todo, sirve calentito.

jueves, 4 de febrero de 2016

Croquetas de sobrasada y queso de mahón para el #jueveslardero

Febrero.

Ese mes en que la dieta ni está, ni se la espera. Ya hemos estado el comienzo del año con el buen propósito de adelgazar lo ganado en Navidades, y si acaso incluimos el de no fumar o ir al gimnasio. Y encima vienen los carnavales...

Enlazamos los turrones y mazapanes con las flores y orejas de Carnaval, los hornazos; todo muy apropiado para que en la Semana Santa lleguen las torrijas. Y tienes dos meses después para "compensar" porque quieres lucir bikini...

¿Qué quieres que te diga, que te hinches o que sufras estoicamente sin probar las maravillas del gochismo mediterráneo? Pues ahora, en pleno jueves lardero te diré que hagas lo que hagas, que sea con cabeza. Que no te comas un torrezno con remordimientos y pensando que te tienes que apuntar al gimnasio, porque no estarás disfrutando ese torrezno; que no te comas la ensalada más triste del mundo porque aborrecerás la dieta y la carne, que es débil, caerá con toda la razón del mundo.



No te voy a vender estas croquetas como un alimento saludable, ni como en los anuncios de comida de valor nutricional dudoso voy a decirte que con moderación, dentro de una dieta sana y una vida con ejercicio... No te engañes: estas croquetas son un caprichazo.

Lo bueno es que como tienen mucho sabor, no necesitas comerte veinte, aunque las veas pequeñitas. Saturan rápido, por lo que el tamaño es el adecuado para que piques unas pocas en una fiesta o un cóctel. Si después quieres ponerte una ensalada, hincharte a Kale o cualquier súper alimento sanitísimo, batido verde o zumo detoxicante para sentirte mejor, hazlo. Pero no te engañes, ¿vale? Sé consciente del capricho que te estás dando y asúmelo, pero sobre todo, dosifícalo.

Come siempre sano, no hagas una dieta para siempre, adopta un estilo de vida saludable y que te motive... y así muy de vez en cuando te podrás pegar un homenaje como el que hoy te traigo.

Espero que los seguidores baleares no se me echen encima con este experimento...


Si no tuvieras queso de Mahón a mano puedes usar cualquier queso curado, puesto que la idea es que no se funda en el interior de la croqueta, sino que se mantenga dispuesto a que te lo encuentres tras dar el mordisco, con el consiguiente cambio de texturas y de sabor. Tampoco descartes usar un queso ahumado, puede ser la bomba.

Para chiquicientas croquetas riquísimas, necesitarás:
- 75g de harina de trigo
- 75g de aceite de oliva
- 700ml de leche
- 125g de sobrasada ibérica
- 75-100g de queso de Mahón (yo lo compré en Quesería Cultivo)
- Sal y pimienta al gusto

Para rebozarlas y freírlas
- 2 huevos batidos
- Pan rallado
- Abundante aceite de oliva

En una cacerola calienta el aceite y cuando empiece a burbujear, añade la harina, removiendo con unas varillas para que no queden grumos. Deja tostar la harina un par de minutos o tres, que coja un poco de color, a fuego medio. 

A continuación, añade la leche poco a poco y sin dejar de remover, una vez más para evitar los grumos. Disuelve bien la harina en la leche y deja el fuego medio-bajo, removiendo para notar cómo espesa. En cuanto veas que la cosa va tomando cuerpo, incorpora la sobrasada en trozos para que se integre bien en la bechamel; con el efecto del calor la grasa se fundirá y no te costará gran cosa. Rectifica de sal y pimienta y deja que cueza, pasando las varillas con cierta frecuencia, unos diez minutos (si has tostado bien la harina antes la bechamel no te sabrá a crudo, por lo que no necesitas estar media hora cociendo). También notarás que está lista porque espesa bastante, de tal modo que al pasar las varillas por la pared de la cacerola se despega con facilidad.

Vuelca el contenido en una bandeja para que se enfríe lo antes posible, protegiendo la superficie con film transparente, así no te hará telilla. Por supuesto, rebañar la cacerola no es una opción.

Atempera por completo antes de meter a la nevera un mínimo de 4 horas, aunque si lo puedes dejar de un día para otro, mucho mejor. Es una masa con bastante grasa y en cuanto coge algo de temperatura, se funde; eso es lo que mola a la hora de comerse una croqueta recién hecha, pero también es un martirio cuando hay que formarlas, por eso cuanto más fría esté, mucho mejor.

Antes de sacar la masa de la nevera, prepara todo para que no pierda frío: los huevos batidos, el pan rallado, una bandeja con un poco de pan rallado en la base,... También parte el queso en taquitos pequeños, aproximadamente de medio centímetro de lado. Van a ser unas croquetas de bocado.

Para el formado es importante manipular la masa lo menos posible, otra vez a vueltas con el asunto de la temperatura. La mejor manera para mí es tomar una porción de masa con una cucharilla de postre, además te aseguras que todas las croquetas tendrán el mismo tamaño y no darán problemas en la fritura.



Con una cucharadita colmada, introduce un trocito de queso que irás colocando en el centro y envolviendo con la masa en sucesivos pases con otra cucharilla. Eso ayuda a compactar la masa y a darle una forma más o menos establecida, que luego con los pases del rebozado queda definitiva. En este caso he preferido hacerlas redondas, pues tras darle la preforma pasan al pan rallado donde hago la bolita sin mucha presión ni calor de mis manos, después al huevo y por último al pan rallado de nuevo.



Normalmente hago dos pases de huevo alternando con dos pases de pan rallado, pero esta masa es tan blandita y agarra tan bien el pan rallado a la primera que no lo he creído conveniente.

Deposita las croquetas en la bandeja con pan rallado en la base y, una vez más, recomiendo encarecidamente frío antes de freírlas. El rebozado necesita asentarse, y también tenemos que evitar que la poca manipulación que hayamos dado a la masa estropee el resultado final en la fritura.



A la hora de freírlas, recuerda: abundante aceite caliente, introducir pocas unidades en cada tanda y removiendo constantemente para repartir el calor de forma uniforme, dejar calentar el aceite en cada tanda,... todos estos consejos, junto con los anteriores, te ayudarán a tener una croqueta con un relleno líquido en su interior (y con sorpresa de queso en este caso) sin que se abran y echen por tierra todo el trabajo, que no es poco.

Como estas croquetas son muy pequeñitas, apenas necesitan de un minuto o dos para estar hechas. Sólo cuida que se dore la cobertura y saca a escurrir en un plato con papel absorbente. También al ser pequeñas se enfrían antes, así que cómelas en cuanto puedas.