viernes, 2 de diciembre de 2016

Codornices con granadas (receta de #navidad)

Fotografía de Alejandro Carrasco

Los que me conocéis, sabéis que con el blog empezó una nueva afición para mí: la fotografía.

No soy una maravilla, ni tengo muchos conocimientos de retoque... pero ya es lo justo para picarme con Álex y dedicarnos una mañana de sábado a jugar con unas cuantas granadas.

Fotografía de Alejandro Carrasco
 

Él con su 85mm fijo, yo con mi 35mm fijo; duelo de nikonistas al sol. Así pasa, que la entrada de hoy tiene muchas fotos parecidas... ¿Os gustan más las de él o las mías?

Las granadas, junto con un simple trapo de lino y la luz de mi salón (tremendamente agradecida) hace maravillas tanto en novatos de la fotografía como con gente más experimentada. Aparte, es una fruta que me parece tremendamente fotogénica tanto por las diferencias de color como por las texturas... en serio, tienen una erótica muy particular.

 

Estas vinieron del huerto de Loli, de Escopete, cerca de Pastrana. Aunque chiquititas, han salido muy dulces y con los pipos muy finos, una delicia de comer. Es una suerte que no estén abiertas, porque este año ha pasado con muchas granadas, que aparecían como estalladas antes de terminar de madurar, y no duraban tanto.

Aún así, tenemos tantas que algo tenía que hacer con ellas, y aprovechando un antojo de codornices de Álex pensé en preparar una receta con el conjunto súper apañada para aprovechar en Navidades.

Fotografía de Alejandro Carrasco

Lo dicho, que con unas patatas panadera y toda su serie de entrantes podrías apañar una de estas cenas o comidas que se nos aproximan. Lo único a tener en cuenta es que la carne de codorniz no puede ir demasiado condimentada o con muchos acompañamientos, porque su sabor es muy delicado y puedes eclipsarlo; por suerte el sabor de la granada no es intenso y se lleva bien con este ave. He preparado una salsa ligeramente dulce que al final termina caramelizando sobre la superficie de la codorniz, a modo de cobertura para los fans del dulcesalao.

No es un plato especialmente complicado, pero sí es un poco latoso en la preparación por rellenar las codornices y preparar la salsa. Siempre puedes dejar las aves rellenas con anterioridad y la salsa preparada, y en el último momento dorarlas y rematar el plato.

Ingredientes para 4 personas:
- 4 codornices limpias
- 250g de granos de granada
- 100ml de ron
- media cebolla
- 3 cucharadas de aceite
- 1 hoja de laurel
- 1 diente de ajo
- 1 cucharadita de miel
- pimienta negra y sal


Empieza salpimentando las codornices por fuera y por dentro, y rellenando su interior con granada sin llegar al borde. Con hilo de bridar carne o un hilo de algodón grueso sin teñir ata las patas y atraviesa con un palillo la parte baja del muslo, cogiendo también el atado. Así te aseguras de que no se salga el relleno y quedarán con una bonita forma.

Calienta el aceite con la hoja de laurel y el ajo partido en dos a fuego medio, y cuando el ajo esté dorado retíralo para dorar las aves por todas partes, que tomen buen color. Quizá el apaño del palillo te impida darles la vuelta correctamente si este es muy largo, así que puedes cortar las puntas antes para que no te dé problemas.

Una vez hayas dorado las piezas a fuego vivo por todas sus partes, reserva en un plato y en ese mismo aceite procede a dorar la cebolla, picada muy fina, hasta que se dore sin tostarse. Incorpora después el resto de la granada para que se cocine un poco, subiendo el fuego un poco. Súmale también el ron y deja que el alcohol se evapore.
Añade también la miel y una vez disuelta, usa una trituradora o una batidora de brazo para pasar la salsa y dejarla fina; en cualquier caso es muy posible que necesites pasarla por un colador o un chino para que quede suave.

Con la salsa ya afinada, corrige de sal y pimienta a fuego suave en una cacerola que te permita meter las codornices al mismo tiempo, tápala y deja unos 15-20 minutos, según el tamaño de las codornices, cambiándolas de posición de vez en cuando para que se impregnen de la salsa.

Como verás, la salsa es poca y además por los azúcares que lleva tiende a caramelizarse, eso es algo a aprovechar para que se pegue bien en las codornices conforme se cocinan, pero si ves que todavía no están hechas y la salsa se hace demasiado, puedes añadir un dedal de agua para darle tiempo a la carne.

A modo de acompañamiento puedes preparar unas patatas panadera sencillas con dos o tres patatas en rodajas muy finas, 3 cucharadas de aceite para freírlas como si fueran para tortilla y un chorrete de vinagre para terminar.

Fotografía de Alejandro Carrasco

viernes, 25 de noviembre de 2016

Garbanzos con acelgas tikka masala

Ya estarás pensando que qué le ha dado a esta tía con las acelgas...

Siempre que las como, me acuerdo de un monólogo de Luis Piedrahita: "las miras, las miras... y siguen siendo acelgas". Y es que el primo pobre de las espinacas no tiene muchos fans, la verdad. Suena a viejuno, a comida de abuelo, de dieta o de persona que está malita, y no. Yo puedo ir con la cabeza bien alta por la calle y decir "SÍ, SEÑORA, ME GUSTAN LAS ACELGAS".


Es que mira qué bonitas, estas últimas que me ha dado por comprar, las rojitas. Son iguales que las otras, pero más "modernas"; bueno, iguales-iguales no son, porque yo a estas les noto que saben más suaves y tienen mejor textura, como que la hoja es algo más gordita. Valen lo mismo que las otras (al menos en mi frutería de confianza), siguen estando tiradas de precio.

Así que nada, me he propuesto dignificarlas con un platito vegeta muy completo, como no podría ser de otro modo, contando con legumbres.

Este año que termina se declaró el Año Internacional de las Legumbres por la FAO, en un intento de llevar la sostenibilidad a los campos (no olvides que son fuente de proteína barata, rápida y fácil de mantener). Las legumbres además van muy bien para suelos empobrecidos por los cultivos, ya que fijan el nitrógeno y actúan de abono natural mientras las cultivas. Aportan chorrocientos minerales y aminoácidos esenciales, son saciantes, también tienen su contenido en hidratos de carbono (o puedes combinarlo con cereales como arroz para conseguir un plato nutricionalmente ideal). Creo que este año me he tomado en serio la idea de comer menos carne y más legumbres y no he notado que mi calidad nutricional haya bajado.

Ah, y están ricas. Mira qué hermosura.


Lo bueno de las legumbres es que admiten muchísimas preparaciones, tanto en frío como en caliente. Y aderezos, los que te broten. Descubrirlos como parte de la gastronomía india fue un puntazo como yonki de las especias que me considero, por lo que pensé que el color de las acelgas podría ir muy bien a la alegría de una mezcla de especias que tengo de Black Pepper & Co., de tikka masala.
Que podría haberle puesto un poco de comino y ya... pues también. O pimentón sofrito, pero es que me da la sensación que cuando uso más especias y tengo más sensaciones en la boca, me siento más saciada y más contenta.


Así que si a ti también te apetece sentirte contento con un plato de acelgas, apunta los ingredientes para 4 personas si lo usas como primero, o para dos personas si usas esta receta como plato único:

- 100g de garbanzos pedrosillanos en crudo (en cocido, las legumbres pesan como tres veces más, si los usas así directamente serán como 300g de garbanzos)
- 1 diente de ajo picado
- 1 manojo de acelga roja, con sus pencas y todo
- 2 cucharadas de aceite de oliva
- 1 cucharada de mezcla de especias Tikka Masala 
- sal

Si vas a cocer los garbanzos, acuérdate de remojarlos la noche de antes en abundante agua con un poco de bicarbonato. Desde que tengo la olla rápida como más legumbres también porque se preparan más rápido y da menos pereza: en 5 minutos con la segunda anilla subida de mi olla rápida los tienes hechos, pero si prefieres tirar de bote también es una opción muy válida y te ahorras tener que estar pendiente de ellos.

Limpia las acelgas en agua fría abundante con un poco de desinfectante o lejía de uso alimentario, y separa las pencas para limpiarlas si tienen exceso de fibra. Enjuaga bien la verdura y trocéala.


En una sartén amplia y con altura, calienta el aceite y dora el ajo picado a fuego suave para que no se queme. Sin escurrir mucho las acelgas, incorpóralas a la sartén, porque no pretendemos cocerlas sino que se hagan con su propio jugo a fuego fuerte, moviendo constantemente. Yo para estas cosas uso un wok porque tienen más capacidad y ayudan a manejar la verdura, que al principio abulta mucho y se sale por todas partes. Es importante que no pierdan ese verdor brillante para que la hoja quede al dente, ya no sólo porque el verde cenagoso no es apetecible, sino porque aparte de perder textura y apariencia también se pierde mucho valor nutricional.

Cuando tengas la verdura cocinada en el punto que te gusta, que será aproximadamente en 10 minutos, incorpora los garbanzos cocidos, la sal y la mezcla tikka masala avivando el fuego para saltearlo.

Sirve calentito y sabrosón.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Encurtido de acelga roja y manzana Kanzi

¡Uy, si me acuerdo de la contraseña del blog!

Y es que después de más de seis meses sin asomar el hocico por aquí ya iba tocando publicar alguna recetilla. Intenté llevarlo lo mejor que pude pero entre el trabajo, mis compromisos con Amigastronomicas y con mi vida personal me fue imposible seguir un ritmo que yo misma me había marcado y era bastante exigente, todo hay que decirlo.
Intentaré seguir con la idea de publicar semanalmente, colaborar con el reto Color y Sabor de Temporada y con los que propuse hacer de recetas literarias; sin agobiarme pero sin faltar a un ritmo de publicación.


Últimamente he podido disfrutar de encurtidos caseros muy sabrosos, pero cada uno de su padre y de su madre; y creo que esto es lo que mola del proceso: puedes hacerlos como te salga del pepinillo siempre y cuando dispongas de vinagre rebajado en agua, azúcar y sal. Cuenta siempre, eso sí, con vegetales frescos y limpios, no intentes aprovechar alguna pieza mustia porque un encurtido no es una nueva versión de Re-Animator y puede salir un fiasco.

El hecho de mezclar diferentes vegetales (frutas, verduras y hortalizas), aparte de dar con diversidad de texturas en un mismo bocado, también jugarás con los sabores. También es interesante que prepares lo que se conoce como una "cama de encurtido" que de un fondo a los vegetales según tus gustos... ¿Cítrico?, tira con jengibre o piel de naranja; ¿picante?, cuenta con algún chile o guindilla, ¿ahumado?, puedes aprovechar un chile morita para darle ese toque, o con sal vikinga. 


Una baza importante en la trasmisión del sabor es el vinagre, ya que de por sí es un elemento sápido interesante pero al ser ácido también vehiculará el resto de componentes de la mezcla. En mi caso probé con una muestra de vinagre que me traje de Alimentaria hace unos meses, un vinagre agridulce de uva Riesling de Vinagres Gardeny; al contar con una manzana dulce y ligeramente ácida como es la Kanzi tanto esta como el sabor del vinagre se potenciaron mutuamente con un punto ligeramente balsámico. Cuando me dieron la muestra en la feria pensé en utilizarlo para algo similar, para un escabeche de frutas o un postre, pues me pareció un vinagre de mucha calidad y había que darle un buen uso. Si cotilleas, verás que tienen tanto vinagres tintos como blancos (incluso vinagre de vermut) donde se nota que cuentan con una buena materia prima, buenos vinos a fin de cuentas.


Esta receta la hice para acompañar unas hamburguesas de carne de jabalí que los compañeros de Álex se zamparon muy gustosamente. En concreto llevaban queso Raclette, canónigos, pepinillos agridulces y este encurtido tan apañado; la bauticé como hamburguesa Obélix porque terminamos todos como en los festines de Astérix :)
Fue una apuesta arriesgada porque era la primera vez que les daba de comer, así que no conocía sus filias y sus fobias: sólo a mí se me ocurre dar a unos desconocidos un encurtido, algo que suele ser fuertecito... y de acelgas, vaya huevazos los míos.

Mi mezcla estrella fue pencas de acelga roja con manzana Kanzi, una variedad que como ya te he adelantado es dulce y fresquita, con un punto de acidez no tan marcado como la Granny Smith. Han abierto una frutería a 500m de mi casa que trae mogollón de tipos de manzana, amén de las mencionadas acelgas y mucho más género con el que he vuelto a hincharme de verde como antaño. 
Las especias a utilizar no fueron especialmente rebuscadas: semillas de hinojo y un puñado de pimienta negra que traje de Vietnam. 
Un poco de cebolla, que nunca sobra, remata el invento.

Verás que está "fuertecito" de vinagre porque a fin de cuentas su ácido es lo que va a cocinar, por así decirlo, la acelga. Puedes rebajarlo si lo quieres más ligero.


Ingredientes (da para acompañar unas 8 hamburguesas o bocadillos)
- 100g de pencas de acelga roja, limpias y en rodajas
- 1/4 de cebolla blanca o cebolleta en láminas
- 1/4 de manzana Kanzi, picada con piel
- 40ml de vinagre Riesling (o cualquier vinagre de vino blanco bueno que tengas)
- 80ml de agua caliente
- 1 cucharadita de miel
- 1 cucharadita de sal
- 1 cucharadita de pimienta negra entera
- 1 cucharadita de semillas de hinojo

En un bol disuelve la miel y la sal con el vinagre, incorpora las especias y seguidamente añade las pencas, la cebolla laminada y la manzana picada. 
Mezcla bien y termina añadiendo el agua caliente para que penetren mejor los sabores en los vegetales; no tiene que estar hirviendo, conque notes que está caliente al tacto es más que suficiente.

Cuando la mezcla tenga una temperatura que permita meterlo en la nevera, refrigera como mínimo una noche, aunque con dos días estará tremendo y la acelga se mantiene crujiente pero no da la sensación de estar cruda.
No te asustes si ves que la acelga pierde color y se lo trasfiere al líquido de gobierno, es completamente normal.

martes, 13 de septiembre de 2016

Trece, martes

Bueno, después de casi cinco meses sin asomar el bigote por aquí, he pensado que bien merecía una explicación; aunque soy de las que se lían dándolas, no suelo dar demasiados detalles de mi vida (a fin de cuentas sabes de mí lo que quiero que sepas, pienso que un blog de cocina puede verse aderezado con varias anécdotas personales, pero entiendo que vosotros me leéis por la temática gastronómica y no por lo que cuento sobre mí).


A finales de abril, si no recuerdo mal, me embarqué con Mamen camino de Alimentaria, donde me lo pasé teta y aprendí mogollón del panorama gastronómico; tenéis la reseña en Amigastronómicas, donde también me he metido a colaborar.

Con varias entradas pendientes (el taller de galletas de Doc Muerte, alguna que otra receta), de repente me empecé a agobiar un poquito con el blog. Quería seguir participando del reto de Pilar, Color y Sabor de Temporada, quería seguir buscando recetas de inspiración literaria,... y compaginarlo con mi resto de actividades: poledance y danza con sus respectivas coreografías, ensayos y actuaciones de fin de curso. 
A eso le tengo que añadir mi trabajo a turnos y la preparación de mi boda, que en menos de un mes se celebra. Con respecto a esto no he dicho nada porque, como he dicho anteriormente, no creo que sea relevante; no necesitaba contarlo ni la gente que me lee saberlo, quien use su vida 2.0 para anunciar este tipo de cosas a gente que no conoce, si le va bien y está contento haciéndolo pues estupendo. A mí es algo que ni frío, ni calor, pero puestos a dar explicaciones sobre mi desaparición, ea.

El cambio de ordenador y una migración a WordPress que siempre estoy dejando para otro momento tampoco me han ayudado... es la mayor de las perezas, la verdad.

Descripción gráfica de la situación

El asunto es que parece que no, pero todo esto me ha quitado mucho tiempo para ponerme a hacer fotos, editar y escribir... Además soy de las que piensa que este tipo de cosas hay que hacerlas con ganas y no para cubrir el expediente; para hacer una chapuza sin motivación alguna, prefiero no hacer nada. A fin de cuentas, como esto es una afición y no me pagan por ello ni lo pretendo, pese a mis compromisos con retos varios prefiero no forzar la máquina.

Luego también está que el panorama gastrobloguero últimamente me satura un poco: nada es original, no puedes subir algo a Instagram o Twitter sin luego tener esa sensación de que tiempo después has inspirado alguna receta o temática... no sé, no me quiero agobiar con el blog; pese a que prometí regularidad publicando los viernes o los diferentes retos, bien es cierto que ahora mismo la cosa me supera, por lo que lo he ido dejando a expensas de tener más ganas para publicar.

Que de verdad que me apetece enseñar cosas a la gente que me lee, sean 10, 100 o 1000; me gusta pensar que hay alguien a quien mis publicaciones le valen, o al menos que me valga a mí misma para aprender a hacer buenas fotos y escribir, aunque parece que en esto último tengo bastante carrete.

En redes sociales sigo igual de activa, procuro seguir actualizando la Fanpeich de Facebook con enlaces interesantes a falta de mis propios enlaces. Sólo tened un poquito de paciencia, espero en Noviembre, ya después del viaje y centradita, volver organizada y con las pilas cargadas.

Gracias por vuestra paciencia (o no).

viernes, 1 de abril de 2016

Lembas (#recetasconcuento)

Sam: Mordor, el único lugar de la Tierra Media que no queremos ni ver, el mismo al que intentamos ir, y al que no podemos llegar. Aceptémoslo señor Frodo, estamos perdidos. No creo que Gandalf quisiera pasar por aquí.
Frodo: No quiso muchas cosas de las que han pasado Sam, pero ha sido así.
Sam: ¿Señor Frodo? Es el Anillo, ¿no?
Frodo: Cada vez pesa más. ¿Qué comida nos queda?
Sam: Déjeme ver, ¡oh sí!, ¡qué rico! Tenemos lembas... y aquí, más pan del camino.
No es que aprecie la comida forastera, pero este pan élfico no esta mal.
Frodo: Nada ensombrece tu ánimo, ¿cierto Sam?



Me está costando coger el ritmo, creo que con un Febrero tan intenso he arrastrado un complejo de "mujer-orquesta" que me ha dejado bastante exhausta. Por si fuera poco, papeleos y compromisos varios de mi vida 1.0 hacen que el poco tiempo libre que tenga se vea aún más disminuido.

Marzo ha llevado una tónica en el blog muy al tran-tran. No llegué a tiempo para el Reto Color y Sabor de Temporada, pero al menos consigo publicar para las Recetas Con Cuento que empecé a principios de año, y ya con una receta sugerida y esperada por muchos de mis seguidores frikis.

El Lembas o pan élfico.

Se me ocurrió que este pan debía de llevar mogollón de energía, pero de la inteligente, no un chute de hidratos de carbono sin más. No por nada era considerado un pan para aguantar grandes travesías, por lo que necesitaba una receta con un índice glucémico a la altura... y eso lo proporciona la avena.

Una porción de avena molida en el molinillo de café o en la batidora de casa bastará para darle un sabor ligeramente dulce a unos crackers sabrosos y saciantes, puesto que además juega en su composición el centeno integral. Avena en copos+centeno integral= saborazo, energía bien dosificada y picoteo sano y saciante.

Tienen un toque a campo, a verde, que te parecerá muy apropiado; como si la propia Galadriel hubiera hecho la mezcla de cereales.

Foto completamente gratuita sin valor para la receta de hoy, sólo para fardar de objetivo nuevo

Llevan también aceite de oliva virgen, que aparte de dar buen sabor, aportan su poquito de grasa sana al asunto. Aunque verás la miel entre los ingredientes, luego resulta que estos crackers son gustosos de comer tanto con dulce como con salado, o solos de por sí. Ideales para llevar al trabajo o durante la época de exámenes, y se hacen en un tris.

Y como buen pan del camino, aguantan: son crackers!! no tienes que temer porque vayan a estropearse como un pan común.

No necesitan de materiales muy específicos, aunque bien es cierto que la harina de centeno integral no la encontrarás tan fácilmente como la harina común de trigo; pero a unas malas te doy alternativas más abajo.

Tampoco verás que dan mucho trabajo, te sorprenderá saber que esto es pan y no lleva un gran esfuerzo de amasado o formado, así que es ideal para empezar a picarse con el mundo panarra.



Piensa que con tres crackers matas la gusa durante un rato, y es posible que con ellos aguantes hasta el Monte del Destino, así que ¿por qué no probarlos?

La receta está inspirada en la de los crackers suecos de centeno de El Panadero Casero.

Para unos 40 crackers, necesitarás:
- 250g de masa madre de centeno madura al 100%
- 75g de harina de trigo
- 75g de agua
- 100g de copos de avena picados
- 25g de aceite de oliva
- 1 cucharada de miel
- 5g de sal (como media cucharadita)
- 1 g de levadura fresca o 0,3g de levadura seca
- 1 pizca de impulsor químico. No ayuda a levar, pero hace que los crackers sean más crujientes.

Si no tuvieras masa madre, puedes mezclar 125g de agua y 125g de harina de centeno integral con una pizca de levadura y dejar 8-12h a temperatura ambiente, hasta que sea una masa burbujeante y huela. Si no tuvieras a mano harina de centeno, pues usa harina de trigo integral. La idea es conseguir que la harina integral aporte todo el sabor que una harina blanca no puede dar, ya que con una fermentación larga todos los productos aromáticos que bacterias y levaduras producen se suman al sabor que de por sí dan los elementos externos del grano.

Mezcla con el resto de ingredientes, dejando los copos de avena para el final, amasando antes todo. Como los copos los hemos molido en casa, hay trozos más bastos que pueden romper la poca estructura glutínica que la masa pueda tener.

Haz una bola y deja fermentando como una hora y media aproximadamente para unos 20-22ºC de temperatura ambiente, siempre en un bol cubierto con un paño para que la masa no se reseque.




Una vez pasado ese tiempo,verás que la masa ha crecido y hay signos de fermentación, ya que en la base han crecido burbujitas y al abrir la bola verás cierta estructura de esponja prieta.

Con un rodillo forma una lámina de unos pocos milímetros, 2-3mm como mucho, porque luego crecerá. Hazlo sobre una hoja de papel de horno y tendrás más fácil su posterior transporte y horneado.
Yo me apañé con un cortapastas para hacer secciones triangulares sin separarlos del todo, pues quería hornearlos todos de una vez y olvidarme de hacer tandas. Sólo tuve que hacer cuadrados y luego atravesarlos con una diagonal... voilá, triángulos!



Deja fermentar una vez más tapado, como una hora. Si ves que hace mucho calor y la masa se reseca o se hace telilla, puedes pulverizar o pincelar la superficie con un poco de agua. Cuando haya terminado la segunda fermentación notarás que la plancha está ligeramente mullida.

Calienta el horno a 200ºC con ambas resistencias y cuando esté caliente, pincha con un tenedor la superficie de la plancha de masa, con la idea de que no suba demasiado.

Hornea, si ves que los bordes se tuestan, ya a 180ºC para que los crackers se sequen y queden crujientes. Con el paso del tiempo verás que esas divisiones ayudan a que los crackers se separen, así que para que queden más uniformemente cocidos y secos sepáralos con una espátula.

Con unos 15 minutos de horneado debería bastar, pero deja un poco más si los notas muy tiernos; de todos modos al enfriar terminan de quedar crujientes. Otra forma de conseguir que se sequen si se han quedado muy tiernos es dejarlos en el horno apagado y con la puerta entreabierta, para que con el calor residual evapore lo que hace falta.

viernes, 4 de marzo de 2016

Taller de cocina del día a día en Flow Cooking + Sorteo 3er aniversario del blog



La última vez que estuve en Flow Cooking pude constatar un hecho.
Sí, interesan mucho los talleres de cocina internacional.
Sí, está de moda la cocina de vanguardia para sorprender a nuestros invitados.
Pero la cocina de todos los días, es más, la de cuchara, lo peta.


A fin de cuentas, es con lo que llenas tápers para ir al trabajo o a la universidad, con lo que planificas las compras semanales y con lo que das de comer a tus hijos/novios/padres/vecinos.





Que para quedar bien siempre hay tiempo, pero para batallar con las ollas mientras tienes que terminar un informe o plancharte la camisa, pues no. Y precisamente Mamen nos transmitió en su taller de cocina del día a día que se puede hacer todo esto y más en muy poco tiempo; ahora bien, precisa de sus truquis.



En la primera de las ediciones de este taller pudimos aprender a cocinar unas lentejas, un arroz caldoso, tortilla guisada e incluso un fantástico postre de aprovechamiento, la leche asada. Todo con recetas familiares y adaptaciones, pues si algo tiene la cocina casera es que no hay dos formas iguales de hacer un guisote.



Es importante, eso sí, saber por qué se hace cada cosa y en qué momento concreto, pues esto no sólo nos ayudará a solventar cualquier imprevisto en la cocina, sino que también nos ayudará a introducir las modificaciones que deseemos y hacer las recetas más nuestras, más auténticas.

Este fue el primero de muchos talleres de cocina del día a día que Mamen tiene previsto hacer, siempre enseñando preparaciones que muchos conocemos desde que éramos pequeños o que no hemos tenido la oportunidad de probar, ya que ocurre que no en todas las casas se tienen las mismas tradiciones. Tuvo muy buena acogida y se espera que en las siguientes ediciones el nivel de participación se mantenga; porque eso sí, no verás al personal tan implicado como en este tipo de talleres, todos quieren aprender lo básico, corregir vicios a la hora de usar un cuchillo o desbancar ideas y costumbres erróneas que han heredado en la cocina.

Sobre todo verás que es cocina de mercado, tirando muchísimo de otras preparaciones anteriores y del aprovechamiento; a fin de cuentas es la cocina casera de siempre.





El taller empezó con una tortilla en caldo, muy apropiada para esas tortillas que se quedan demasiado cuajadas y se convierten en armas arrojadizas. Por supuesto, en este caso la preparamos explícitamente para este fin, por lo que hay que tener ciertas consideraciones.



Lo primero, es preparar una tortilla hermosa y dejarla un punto sin cuajar, ya que como posteriormente va a llevar otra cocción tampoco queremos que se nos quede demasiado cuajada. Para dar la vuelta a una tortilla tan grande puedes emplear un "volteatortillas" o, como dijo uno de los alumnos, la tapa de una cacerola, de las que son planas. Ya ves que en este tipo de talleres la gente se suelta e interacciona más, porque todos tenemos algo que aportar.



Una vez reservada, hay que buscar una cacerola donde vaya a caber bien, pues al cocer engrosa por el caldo. En este caso con una mezcla de caldo y salsa de tomate caseros preparamos la base donde la tortilla se introduce.
También es importante cortarla para que se impregne bien de los jugos.



De forma paralela se prepara un majado con frutos secos (piñones, almendras), comino y otras especias, y también una yema de huevo para espesar la salsa. Este majado se incorpora al final para que no cuaje demasiado pronto.



Para ir ganando tiempo fuimos preparando también el postre, una espectacular leche asada que viene muy bien para aprovechar restos de pan o bollería que se han quedado secos.
Porque recuerda que la cocina del día a día es esto, aprovechar recursos para ahorrar; y muchas veces se sacan platos mejores que el original.

En este caso usamos unos restos de croissants de un taller anterior, que fueron derechos a hacer la cama de la leche asada en una olla con el fondo cubierto de caramelo casero. Esa es otra, no necesitas comprarte sofisticados moldes, estamos hablando de cocina batallera, rica y con mucha enjundia, pero a fin de cuentas no queremos que todo nos salga por un pico.



Con una mezcla de leche, azúcar, huevos batidos y algo que le alegre (que pueden ser especias, o puede ser ron), la leche asada se prepara tranquilamente en el horno mientras tú estás a otras cosas. Hay quien lo pone al baño María, pero no es imprescindible y además es fácil para un novato salpicarse de agua hirviendo durante el proceso.

Si la cocina casera no tuviera platos de cuchara, no sería tal, por eso a Mamen le pareció una buena idea preparar unas lentejas estofadas, ya que cada uno tiene una forma diferente de hacerlas.
Ella, por ejemplo, descubrió que con un hueso de lacón quedan muy sabrosas, así como si cuentas con el típico compango ahumado para prepararlas. Así las hice la última vez y prometo que eran una delicia pura, todo sabor.



Hay quien prepara un sofrito antes, como yo, luego incorpora las lentejas, cubre con agua y a cocer. Hay quien lo echa todo crudo y a la vez. Incluso encontrarás preferencias sobre remojarlas o cocerlas directamente.
El caso es que no hay dos ollas de lentejas iguales, a veces ni en la misma casa, puesto que yo por ejemplo soy de las que aprovechan las verduras que hay rondando por la nevera para que no se estropeen. También hay veces que le pongo comino, otras clavo,... así nunca me aburro de comer lentejas, aunque es un plato que de por sí me priva.

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En función de si las remojaste anteriormente, si usas olla tradicional o rápida, las lentejas tienen diferentes tiempos de cocción. En este caso Mamen las hizo a la forma convencional, pero nos dijo que a veces las prepara en la olla exprés; porque no pienses que por ser cocina casera tiene que llevarte mucho tiempo y ser engorrosa. Lo bueno es que siempre puedes adaptar las recetas a tu tiempo y tus circunstancias.


Terminamos preparando un arroz, una de las preparaciones estrella de Mamen porque tiene mucha mano con los arroces.
Hay muchos trucos que es mejor que ella te cuente en sucesivos talleres, pero sin duda es más fundamental es el de la importancia del sofrito...
Cuando crees que el pollo está bien sofrito, le falta un poco más; y cuando le ves muy dorado, tú sigue que todavía le queda... Te prometo que con esta premisa sale bueno hasta un arroz con olla rápida.


También aquí nos fuimos turnando para remover el sofrito mientras Mamen nos contaba que ella suele ponerle romero al arroz (yo también lo hago, jeje!!) porque le da un gustazo increíble.
Nos habló también de los tipos de arroz, de la importancia de usar azafrán de la tierra o de las proporciones de líquido y grano en función del tipo de plato a preparar.
Consejos básicos que valen su peso en oro.


Al finalizar el taller pudimos degustar todas nuestras preparaciones con las que salimos más que satisfechos y no sólo por el estómago, sino por todo lo aprendido y lo que disfrutamos aprendiendo de Mamen.
Aquí tienes nuestro trabajo:

Tortilla en caldo


Lentejas estofadas


Arroz caldoso de pollo

Leche asada
 Así que si piensas que lo sabes todo en la cocina o por el contrario no eres capaz de hacerte un huevo frito, te recomiendo que asistas a estos talleres de cocina del día a día. Siempre hay cosas nuevas que no sabías y que podrás usar en tu cocina.


Aprovechando esta entrada, quiero realizar un sorteo por el tercer aniversario del blog, que a finales de febrero se cumplieron tres años desde que empecé esta locura y que tanto me está dando a muchos niveles (Atención, parte sentimentaloide incoming).

Os tengo que agradecer un año más que me leáis o no, pero que sea desde la sinceridad. Yo no compro seguidores ni me los invento, los que estáis aquí es porque os debe de interesar algo de lo que hago: o cómo escribo, o mis recetas o mis fotos. O simplemente me cotilleáis y punto, yo qué sé.
El caso es que yo con esto he ido siempre por delante y no me quiero hacer un hueco en el starsystem de los blogs gastronómicos si no es porque lo valgo; no me gustan los andresismos, que se aprovechen de mí o hacerlo yo con otras personas. Que si sois pocos, que seáis bien avenidos; que si merezco más seguidores, ya irán llegando.

El blog lo empecé por mi gusto por la cocina y ha terminado siendo un hobby donde puedo dar rienda suelta a la tecla; además gracias a esta afición he descubierto que me gusta la fotografía y que bueno, no soy una joya, pero me voy defendiendo.

No se me dará tan mal cuando a finales del año pasado Silvia de Amigastronómicas apostó por mí para colaborar en su blog. Ayudo a Mamen con las crónicas de los cursos a los que voy, siempre encantada de prestar mi blog para que conozcáis FlowCooking. Más trabajo y más satisfacción, pero sobre todo kilos de reconocimiento. Me gusta pensar que mi esfuerzo está siendo recompensado.
Aunque no fuera así, el blog también me ha dado grandes amistades, me ha permitido conocer más lugares y abrir mi mente a nuevas experiencias gastronómicas. Lo siento, pero el que se base en mis estadísticas para decir que salgo perdiendo en esta aventura, se equivoca.

Por eso me gusta tener detalles con vosotros, y también sirve para que el boca a boca me dé a conocer a quienes no lo hacen ya; y cuento en este sorteo con Black Pepper & Co que tan bien me sirve y me aconseja acerca de especias. Entre los dos hemos preparado un lote de productos representativos de su tienda y también algunas novedades, a saber:

- Mafalde traídos de Italia. Auténtica pasta de trigo duro.
- Lenteja verdina ecológica, muy suave e ideal para ensaladas.
- Bayas de canela, el sabor que dejan es fresco y potente. Si eres adicto a la canela, no debes perdértelo.
- Pimienta roja de Kampot, proveniente de Camboya y de la que dicen que es el equilibrio entre la pimienta blanca y la negra.
- Té negro "caffe latte", porque también tienen cafés en grano, pero este té me ha parecido muy original y su aroma no te dejará indiferente.
- Vadouvan o curry francés, un imprescindible en la cocina de Chuka, Nakeima,... Koketo tiene recetas muy interesantes con esta mezcla de especias.
- Scotch bonnet, un chile caribeño con hasta 350.000 uds. en la escala Scoville del picante.

Para ello, lo único que tenéis que hacer es rellenar el formulario que encontraréis más abajo y seguir la cuenta de Facebook de Black Pepper & Co, que ya que se lo curra tanto merece una recompensa.

Condiciones:
- Envíos a territorio español exclusivamente (sí, también islas, Ceuta y Melilla. Esta ronda la pago yo).
- El sorteo termina el 18 de marzo (viernes) a las 23:59, por lo que cualquier participación posterior no entrará en el sorteo.
- Los datos obtenidos, completamente confidenciales, servirán para realizar el sorteo mediante la página www.sortea2.com
- Se publicará el ganador por las redes sociales de las que dispongo (Facebook, Twitter, Instagram) a lo largo del día 19 de Marzo.
- Tras cinco días naturales de la publicación del resultado, si no consigo ponerme en contacto con el ganador, repetiré el sorteo.
- Por supuesto, como es mi blog y me lo f***** cuando quiero, me reservo el derecho a acogerme a "perdón, m'he equivocat" de haber algún problema durante el desarrollo del sorteo.

Suerte y gracias ^^


Edito la entrada para cerrar el sorteo definitivamente y anunciar el ganador. Bueno, estos fueron los participantes:



Y aquí está la ganadora. Enhorabuena!! Me voy a poner en contacto a la de ya contigo por el correo facilitado para mandarte tu premio.



Muchas gracias a todos por vuestra paciencia y por confiar en mí, estas semanas estoy dejando el blog un poco abandonado por cuestiones familiares, pero en cuanto me sea posible lo retomaré si cabe con más fuerza que antes.

viernes, 26 de febrero de 2016

Pastelillos de limón de Sansa (#recetasconcuento)

Más tarde se sirvieron empanadas de pichón y criadillas, manzanas asadas que olían a canela, y pasteillos de limón bañados en azúcar, pero para entonces Sansa estaba tan llena que apenas pudo comerse dos pastelillos, por mucho que le gustaran (Juego de Tronos).


Me sorprende cómo una saga literaria basada en la estrategia, intrigas, guerras, lucha de intereses,... pueda estar tan relacionada con la gastronomía.
Quizá sea porque es una manera más terrenal de conocer a los personajes: llevo un tiempo con un libro de historia de la cocina italiana y jo... lo que cambian las recetas en función del momento histórico, la abundancia o carestía, el descubrimiento de nuevas tierras. Si hubiera un trabajo consistente en recrear la alimentación de épocas pasadas, que los jefazos vayan buscando mi perfil por Linkedin xD

En este caso, los libros de Juego de Tronos no dejan de moverse dentro de la fantasía, pero con tintes medievales. Además, maneja un mapamundi con distintos paisajes y climas que pueden verse identificados en otros que conocemos muy bien: Invernalia sería algo similar al norte de Europa, mientras que Dorne y las islas del mar Angosto podrían verse reconocidos en territorios de África y Asia. También el poder adquisitivo de los Siete Reinos se deja ver en sus mesas con preparaciones simples y humildes como las servidas en El Muro, o platos más ostentosos como la empanada de pichón de Desembarco del Rey.


Las autoras del libro de cocina en el que me apoyo para publicar la receta de hoy han hecho una verdadera labor de investigación (esa por la que quisiera que alguien me diera trabajo), y han recurrido a recetarios antiguos y otras escrituras, obras de arte que dieran inspiración y cómo no, de lo que las técnicas de cocina moderna pueden aportar para escribir esta obra. Las recetas son adaptaciones muy fáciles de llevar a la práctica, con ingredientes nada rebuscados y, en caso de carencia, pueden sustituirse de forma muy sencilla. Harta de ver lo que sirven en los mercados medievales, por fin encuentro algo similar a la comida de la época que no lleva patata en sus ingredientes, gracias rigor histórico :____)

En el caso de hoy los pastelillos de limón de Sansa están basados en un libro de cocina del siglo XVII.
He realizado unos pequeños ajustes en la receta, porque para mi gusto lleva demasiada azúcar; también creo que con menos horno quedan más jugosas, y además probaría a sustituir una parte de la harina de trigo por harina de almendra, le iba a dar un corazón más tierno aún.



Para unos 60 pasteles aproximadamente (receta original de "Festín de Hielo y Fuego", de Chelsea Monroe-Cassel y Sariann Lehrer)., necesitarás:
- 350g de harina de trigo
- 250g de azúcar
- 90g de mantequilla
- 1 huevo entero + 2 yemas
- La ralladura de dos limones

Para la glasa,
- 30g de azúcar glas
- 1 cucharadita y media de leche

Precalienta el horno a 180ºC con ambas resistencias y mientras llega a la temperatura indicada, mezcla todos los ingredientes con las manos: queda una masa similar a la arena de río, poco agregada pero que al compactarla toma forma.


Haz bolitas de 2,5cm de diámetro y colócalas en una bandeja con papel de horno, separadas entre sí como unos tres dedos, ya que algo expanden y no quieres que se toquen. En total salen como 3 bandejas de 20 bolitas cada una, que puedes ir preparando mientras se hornea la bandeja anterior.

Hornea unos 12 minutos (15 como dice el libro para mi gusto quedan duras) y cuando los saques del horno deja un minuto más en la bandeja; se tienen que quedar con una suela doradita, y por dentro en principio están tiernos, pero deja que enfríen por completo para que terminen de cocerse con el calor residual.


Cuando estén completamente fríos, disponlos en una rejilla y salpica su superficie con la mezcla de azúcar glas y leche, haciendo estelas. Deja que la glasa se seque antes de guardar los pastelillos en una caja de galletas o un tupper.